jueves, 19 de marzo de 2026

Leila Guerriero. La llamada. México, Anagrama, 2024. Crónica, no ficción de Silvia Labayru, montonera. Estilo de Guerriero, mosaico, polifonía, fragmentario. Tema: joven de clase rica, hija de militares se convierte en montonera. Arresto, tortura, violación y después liberación. Sufre condena de los montoneros en el exilio: salvó la vida porque traicionó a alguien. Desafío de luchar por el ideal, sufrir tortura y después descalificación. Mensaje al final conservador: reina el buen gusto del dinero y de la familia adinerada.

lunes, 2 de marzo de 2026

David Uclés. La península de las casas vacías. Siruela, 2024. Realismo mágico y novela histórica. Guerra civil española. Me gustó mucho el uso de la metaficción. Muy ambiciosa. Increíble el proyecto. Problemas en ocasiones con la banalización del hecho histórico con el realismo mágico. Aunque también hay pasajes de realismo mágico extraordinarios. La variedad del vocabulario es impresionante aunque me acordé mucho de Borges: no hay que escribir azulenco o azulino cuando se puede escribir azul.

martes, 17 de febrero de 2026

Leila Guerriero, Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico. Tusquets, 2005 (2021). Crónica no ficción. Pluralidad de voces. Entrevistas. Descripcioens breves, ágiles, evocadoras. Viento atronador de la Patagonia. Descripción de un espacio en la periferia, abandono, escasez. Única opción de trabajo: petróleo. Capitalismo y destrucción ecológica. Suicidio como síntoma de todo esto.

jueves, 12 de febrero de 2026

Alma Delia Murillo. La cabeza de mi padre. México, Alfaguara. 2024. Excelente libro. Autoficción. Búsqueda del padre: Juan Preciado femenino. Estilo ágil. Voz original. Tema interesante. De los mejores libros leídos recientemente.

viernes, 6 de febrero de 2026

Jaime Bayly. Los genios. México, Galaxia. Novela biográfica. No me gusta el género pero en este caso, buena novela. Muy informada y a la vez con un estilo creativo que pone a dialogar a sus protagonistas: usa la estructura dual y ágil de Vargas Llosa (capítulos pares una historia e impares otra) y el lenguaje poético, desbordado, de GGM.

lunes, 2 de febrero de 2026

Jorge Ibargüengoitia, Manzana de la discordia. México, Joaquín Mortiz, 2025. El trabajo del investigador literario no está condenado al escritorio. En casos memorables este suele viajar por el mundo en busca de un archivo o de un testimonio. Le esperan siempre grandes sorpresas o desilusiones. Ese es el significado de la búsqueda: ignorar el final. Ese es el significado en realidad de toda ciencia. Podemos predecir, calcular, aquello que nos espera. Pero la realidad siempre encuentra una manera de sorprendernos. María Cristina Secci viajó a La Habana para realizar una investigación sobre un personaje histórico italiano (Eva Mameli) y descubrió, en el archivo de Casa de las Américas, un inédito de Jorge Ibargüengoitia. Fue consciente de su hallazgo porque es una académica brillante y conocedora de este autor mexicano. Empezó después una labor que imagino de varios años –búsqueda de los derechos de autor, cotejo de los distintos manuscritos, edición del texto original, introducción, epílogo, estudio introductorio, búsqueda de una editorial y aprobación para que se publique– que concluye con Manzana de la discordia. Este libro contiene un prólogo de Juan Villoro, un estudio introductorio de Maria Cristina Secci, los textos de Jorge Ibargüengoitia –la crónica y el cuento inéditos “Revolución en el jardín” y “Los compañeros de viaje”, correspondencia personal, el artículo “Una provechosa camaradería intelectual y artística” y su último texto publicado en vida “Hijo de Bloomsbury”– y un epílogo de Jorge Fornet. Es un libro escrito de principio a fin con agilidad e inteligencia. Podemos entender ahora con mayor claridad el papel que jugó Ibargüengoitia en su momento histórico, que fue el de la Guerra Fría. Recibió becas como la Rockefeller y premios como el de Casa de las Américas. Pero cuando esperaron de él fidelidad, respondió como nadie antes lo había hecho. En lugar de criticar y condenar al enemigo (mientras que personalmente se beneficiaba de premios, becas, traducciones y publicaciones), se burló de ambos bandos. Leímos en su cuento “La ley de Herodes” la manera en que el imperio yanqui abría sus arcas y recibía en sus ciudades a sus becarios, previa humillación médica. Su crónica “Revolución en el jardín” nos permite ver ahora –con mayor extensión que las versiones previas, publicadas en la RUM y en su libro Viaje a la América ignota– la manera en que el gobierno revolucionario cubano cortejó a este joven escritor paseándolo por fábricas e ingenios de azúcar, obligándolo a asistir a citas con políticos de la más alta jerarquía, con catorce entrevistas y cerca de doscientas fotografías. “No hubo una que saliera bien... En unas me parecía a Fernandel, en otras a Peter Lorre y en una, cuando menos, a Béla Lugosi. Es cierto que soy feo, pero no me parezco a tanta gente” (151). Cristina Secci ha publicado, junto con la crónica sobre su viaje a Cuba, la correspondencia entre Ibargüengoitia y la gente de Casa de las Américas. Desde su regreso a Coyoacán, le comunicó a Marcia Leiseca sus planes de escribir sobre su viaje. Jaime García Terrés, Fernando Benítez, Carlos Fuentes, José Revueltas y Elena Poniatowska habían realizado el mismo viaje y dejado su testimonio elogioso para con el pueblo que buscaba la utopía social y crítico contra el imperialismo que deseaba impedírselo. Era el momento de la efervescencia revolucionaria. Por eso, Marcia Leiseca se quedó fría al leer lo escrito por Ibargüengoitia. Hasta le falló la redacción: “es la falta de seriedad, la superficialidad y frivolidad en aras de una mala llamada elegancia esprit, o humor y que no es otra cosa que el clan internacional de los snobs, y lo que es más triste, de los pobres, los subdesarrollados de esta familia”. Ibargüengoitia respondió a esta carta de manera reposada y serena, cosa extraña en él. Después de su viaje a Cuba, y el impulso inigualable para su carrera literaria que significaron los dos premios Casa de las Américas, una institución estadounidense (IAFA) lo invitó al Tercer Simposio Interamericano. Asistió junto con un grupo de intelectuales y escritores como Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Ramón Xirau y José Donoso. Se supone que discutirán sobre “Los problemas humanos de nuestras ciudades” y “Las elecciones de EE. UU. y las relaciones interamericanas”. Pero el encuentro sirvió, básicamente, para socializar entre escritores y editores, y construir una red de influencias. “Los que querían ediciones en inglés iban a sentarse cerca de Knopf, que traía Bermuda shorts y sombrero tirolés, o de Laughlin, de New Directos. Yo me acerqué a John Thompson [profesor de la Universidad de Columbia], que me había prometido una beca”. Ibargüengoitia escribió de nueva cuenta una crónica, muy breve, sobre este congreso y la publicó en la revista Life en español (que se sabrá después recibió financiamiento de la CIA). Este hecho escandalizó a la gente de Casa de las Américas, y se lo hicieron saber. Él respondió: “Querida Marcia, no adoptes esa actitud de ‘nosotros tenemos una dignidad especial que no consiste en nuestros acompañantes’, porque yo también la tengo, pero no puedo mencionarla sin sentirme la Reina Victoria en la casa de putas, que es un personaje detestable” (195). Ibargüengoitia quería dedicarse a la escritura. Quizá era mucho pedir. Pero libró cualquier compromiso social y político con un arma especial: el humor y la auto ironía. Fue un verdadero excéntrico en una época de solemnes.

jueves, 15 de enero de 2026

L'enfant perdue. Elena Ferrante. Bien por la historia de la niña perdida. Mal por el affaire Greco y Nino: muy convencional y predecible. El final bien, siembra varias interpretaciones. Aunque podría haber estado mejor. Buena saga.