jueves, 30 de abril de 2026

Sergio Pitol. El arte de la fuga. Trilogía de la memoria. Barcelona. Anagrama. El arte de la fuga está dividido en tres partes: Memoria, Escritura y Lecturas. Se trata, sobre todo en los primeros dos apartados, de la creación de un ensayo que conjunta el relato, la memoria y la crítica. En “Vindicación de la hipnosis” Pitol defiende su poética como novelista metaficcional ante su hipnotizador: “El narrador que por lo regular aparece en mis novelas ensaya varios puntos de partida en la persecución de una verdad, de una revelación, y en ese empeño perderá mil veces el camino, tropezará a cada instante, mantendrá el paso a duras penas entre alucinado y sonámbulo, para al final declararse derrotado”. Al inicio de su hipnosis ve una serie de imágenes a las cuales no les encuentra forma y que parecen confirmar su poética. De pronto se encuentra en la escena nuclear de su vida: la muerte de su mamá ahogada en el río Atoyac. Es un pasaje fuertísimo, terrible, es la verdad del trauma. Algo similar sucede con “La marquesa nunca se resignó a quedarse en casa”. Aquí la narración se da en respuesta al desafío de Paul Valery que, hastiado del género de la novela por su convencionalismo vulgar, afirma no poder volver a leer una frase del tipo mimético, como “La marquesa salió a las cinco”. Pitol evoca una serie de íncipits famosos por su extrañeza y originalidad. Viriginia Woolf, James Joyce, William Faulkner y Robert Musil no están abocados al realismo, sino a la búsqueda de una forma y un lenguaje propios, originales. A la par de esta argumentación se hilvana una serie de historias en las que Pitol relata las salidas posibles de la marquesa animada por la vanidad o comprometida con el cambio social, o sino un encierro en su casa para leer mejor revistas de moda, y finalmente su salida en un ataúd. ¿Estamos frente a un cuento o un ensayo? Monterroso habría dicho, novela; Pitol, fuga. Tenemos, al igual que con Monterroso, un ensayo en el libro que elogia a Borges, “De reconciliaciones”, y otros varios sobre el acto creativo. En “El oscuro hermano gemelo” se escenifica su proceso de escritura que conjunta experiencias vividas con otras imaginadas. Surge una primera idea en una cena diplomática con personajes estrafalarios de la alta sociedad, cambia años después en una historia en la que ha conectado anécdotas y descripciones de varios acontecimientos sucedidos e imaginados en ese tiempo. El relato final es una conjunción de ambos muchos. En “La lucha con el ángel” se presenta el dilema –presente en toda su vida– entre el encierro o la fiesta, el trabajo o la vida, el viaje o la ermita. La respuesta no es tajante, se da en grados y por periodos: los hay en los que se entrega por completo a la escritura –y aquí nos relata su trabajo de aquel día en el hotel Bristol de Varsovia cuando, rodeado de libros, frente a su máquina de escribir, revisó y corrigió sus cuentos, realizó sus traducciones mientras que la gente paseaba en el parque– y los periodos de fiesta, borracheras, encuentros y romances pasajeros. Al final de ese día en Varsovia dedicado al trabajo, salió en la noche a una fiesta con su amigo Marek Keller. Asumimos que no regresará hasta altas horas de la madrugada y con un pesado cargo de conciencia. La sección de Lecturas es más convencional en cuanto a que el ensayo realiza una crítica, abrevando de la historia y la tradición literaria, de las obras de sus autores favoritos: Benito Pérez Galdos, Antón Chéjov, Thomas Mann y Jerzy Andrzejewski. Gran sorpresa al final, cuando después de un artículo elogioso e inteligente sobre la novela de Tabucchi Sostiene Pereira sigue un apartado titulado “Un viaje a Chiapas”. Tenemos a Pitol que, como una suerte de Pereira mexicano, deja la comodidad de su estudio para adentrarse en el bosque del sur y entender lo que está sucediendo con un levantamiento armado de tzotziles, tzeltales y tojolabales, violentados y explotados durante siglos. Tiene preguntas en lugar de respuestas, y va aprendiendo de las imágenes de pobreza y violencia extrema que encuentra a su paso, de las palabras del Subcomandante Marcos, de los rituales misteriosos en las iglesias de Chamula y Zincantán, y de los sacerdotes de San Cristóbal de las Casas, para escribir su testimonio que es el texto que cierra El arte de la fuga.

jueves, 16 de abril de 2026

Neil Gaiman. The Oceand and the End of the Lane. NY, Harper Collins, 2013. Compré el libro a sabiendas de que algo raro había pasado con el autor. Pero investigué hasta después. No pude leerlo sin pensar en que esta persona pudo haber violado a varias mujeres en posición vulnerable. Pensé dejarlo. Lo leí y me parece un libro bien estructurado, pero nada sorprendente: una visión religiosa laica en una sociedad moderna, un imaginario de bien y mal, de divinidades (por cierto, femeninas) en literatura juvenil. No vuelvo a comprar un libro de él.

jueves, 9 de abril de 2026

Salinger, J.D. Raise high the roofbeam, carpenter and Seymour and introduction. NY, Little, Brown and Company, 2014. La primera historia es Salinger en su máxima expresión: ingenioso, ocurrente, inteligente, memorable. Una anécdota banal y un desarrollo magistral. La segunda es de una soberbia y condescendencia intolerable. Después de haber leído su biografía el año pasado, entiendo: luchaba contra sus lectores y su éxito. Lo logró. Pero no pudo borrar el éxito por el cual luchó, como desesperado, y obtuvo de joven.

martes, 7 de abril de 2026

O'Farrell, Maggie. Hamnet. Libros del asteroide, 2021. Novela histórica convencional en la narrativa, menos en la estructura temporal construida con flahsbacks y prolépsis. La idea, ¡genial! La recreación del ambiente, maravillosa. Enfocarse en Agnes, esposa de Shakespeare, sin darle a este el protagonismo, brillante. El final es precioso pero, curiosamente, me imapctó menos que el de la película, es menos emotivo.

sábado, 4 de abril de 2026

Atwood, Margaret. The Penelopiad. Edinburgh, Canongate, 2005. Genial la idea. Escribir la versión de Penélope y de las doce "maids", sirvientas, que mató Odiseo al regresar a Ítaca. La voz de Penélope es espontánea, ágil, cómplice. Las participaciones de las sirvientas igual, además, aporta variedad formal y parodia. Hay congruencia entre los mundos: antiguo y moderno; los saltos entre uno y otro aporta el humor irónico.